
Una vez que un móvil cumple su vida útil, se realiza un desmonte manual de sus partes, separando las piezas por tipo de material a reciclar. Después, por medio de un proceso metalúrgico, las carcazas, los cargadores, los cables y otros periféricos son triturados y reutilizados por empresas que usan el scrap de plásticos, chatarra de metales y el vidrio como insumos de nuevos procesos industriales.
Los circuitos impresos e integrados y los transistores son exportados por Silkers a la firma Arc Metal AB, de Suecia, donde se refinan y recuperan materias primas, como metales preciosos y metales no ferroros.
En el caso de las baterías utilizadas por los teléfonos móviles, el reciclado también comienza con el desarmado de la unidad. Toda la parte plástica se condensa en vapor, se vitrifica, y lo que se obtiene es reutilizado, por ejemplo, en asfalto.
Las partes metálicas -níquel y cadmio- se recuperan a través de un horno de fusión y se obtienen lingotes de cadmio y de níquel ferroso, que se utilizan en las industrias, como por ejemplo la automotriz.




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